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A la par que avanzan los meses y el año encuentra su fin, más el recuerdo de ti se engrandece y siento que nace otra vez tu ausencia dentro de mí. ¿Qué acaso no tiene vigencia el recuerdo? ¿O dónde encuentra su final la ausencia? Este día amanecí haciendo un hueco imaginario en mi cuerpo, un nido metafísico donde tu recuerdo se acurruca conmigo en forma de tu cuerpo. Eso pienso, pero el recuerdo con tu forma es también la ausencia con tu rostro.

Pensar en ti me hace pensar si en verdad las cosas tienen fin y si lo tienen, ¿a quién es dado?

Nunca he dado el pésame a alguien. De todas las buenas costumbres esta me parece la más ridícula. Desde que hago uso de mi razón, no estoy presente en funerales, sobre todo de la gente que amé.

No tengo hijos, ni aún uno. Eso me obligaría a pedir favores a alguien, como pedir de favor un trabajo, y eso es algo repugnante. Prefiero morir solo. De todos modos moriré solo.

Permanezco lo más leal a mis principios, lo más que me es posible, eso para mí es permanecer leal a mis principios.

El sentido común se ha convertido en la iluminación del presente, casi nadie puede acceder a este.

El reconocimiento de mis logros por parte de los demás no es tener éxito, es sobrevivir en este mundo.

Callar no es opción, es el principio de la vida.

Aun no puedo saber si hay vida después de la muerte. Pero, puedo decir que en esta misma vida he muerto por lo menos tres veces.

Conocí a Ana en un momento de mi vida en el cuál no pude haber conocido a nadie más, lo nuestro fue en sí como no pudo ser otra cosa. Dos mundos distintos, uno colonizando al otro, eso podría resumir lo que fue nuestra relación. Y en medio de la conquista, la aventura de conocer un mundo del cuál no tenía ninguna noticia. Esa extrañeza hecha mujer fue lo que mantuvo cautiva mi atención, y fue lo único que necesité para decidir vivir con ella. Pero pasado un tiempo las cosas cambiaron.

El castigo de haberme acostumbrado a su presencia, a su emblemática sonrisa y a su sutil belleza, fue quedarme solo. Yo le reñía por algo que ella nunca tuvo: eso. Era “algo” que siempre estuve esperando en ella, algo que nunca tuvo, y que nunca vi. Tiempo después, la doctora me explicaría que eso que yo buscaba en ella era un simple pretexto para reñirle, así empezaron los problemas. Reñíamos constantemente. Yo pensaba que ella iba a estar siempre a mi lado y siempre iba a aguantarme tal y como era, pero estaba equivocado. Después de muchas rupturas resolvimos terminar, cosa que yo recibí con razón, pues sabía que eso, después de todo, era lo correcto.

Tras las primeras semana comencé a sumergirme en cierta melancolía… no me percataba de que me hundía más y más en un hoyo del cual no saldría fácilmente, o nunca saldría. Quise hallar el olvido, al estilo Jalisco, pero el alcohol hizo surgir una desolación desde dentro, una ausencia que yo no había sentido; traté de hablar inútilmente con ella para que regresara conmigo; yo la entendía, pero no podía aceptar que ella nunca regresaría a mi lado. El alcohol también me dejó ver un lado mío que yo no conocía: intenté tres veces el suicido;  la última vez me regresaron literalmente a la vida tras estar tres meses en coma debido a una sobre dosis de pastillas.

En ese tiempo Ana se vio conmovida por mis actos suicidas, pero gracias al asesoramiento de psicólogos, no regresó conmigo, porque según ellos eso era precisamente lo que quería lograr con esos actos. Qué saben ellos. Yo solo quería morirme.

Meses de rehabilitación me hicieron ver que una vida al lado de una persona como yo, no se le desea a nadie. Busqué afanosamente un remedio, algo que me permitiera vivir con ella sin hacerle daño, así encontré a un grupo de psiquiatras que experimentaban con un método aún en sus primeras etapas, pero que ofrecían una vida aceptable a personas como yo y de paso me aseguraban acabar con mi alcoholismo, enfermedad que según algunos especialistas es incurable.

Ana, a pesar o gracias a todo lo vivido, aceptó entrar en esta dinámica, con la promesa de que si yo llegaba hasta las últimas consecuencias habría la posibilidad de vivir juntos otra vez, indefinidamente.

Así, empezamos con el tratamiento.

Primero me hacían ver por horas diagramas, dibujos abstractos, líneas y figuras como círculos o cuadrados, estaban programando un nuevo comportamiento en mí. Nunca fui escéptico, tuve en mente todo el tiempo que eso me haría tener una vida sana, sin peleas, sin violencia, y sobre todo, una vida donde iba a estar al lado de Ana; qué demonios importaba si me extraían el cerebro y en su lugar me ponían uno diferente.

Las primeras semanas abundaba la tranquilidad. Pero pronto empecé a acostumbrarme a su presencia y me aburría su forma de ser que me parecía poco menos que vacua. Toda su conversación giraba en torno a sus amigos, sus parejas y sus vidas, cosas que yo tenía en poca estima. Así que para no mostrarle desagrado nuestra comunicación se volvió el silencio, otra forma de violencia. Otra vez estaba actuando de una manera inaceptable, y Ana estaba a punto de dejarme.

Cada que esto pasaba, cada que ella me amenazaba yo sentía mucho temor y me volvía un corderito y era amable y amoroso; la escuchaba y tenía detalles para con ella, pero eso ya no le bastaba. Los doctores me dijeron que esto era algo ya previsto; ellos observaban siempre esta misma conducta en las otras parejas bajo el mismo tratamiento; así que nos propusieron pasar al siguiente nivel, pero teníamos ambos que firmar un consentimiento en el que cedíamos el derecho a los doctores para  tomar decisiones sobre mi persona, basados en las observaciones de mi comportamiento; a lo que yo accedí gustoso con la esperanza de ahora si, por fin, ser del agrado de mi pareja, y de permanecer a su lado hasta el día en que muriera.

El siguiente paso fue medicarme, con lo que primero desaparecieron las ganas de beber que imperiosamente aparecían de vez en cuando, pero con ellas desapareció también todo mi interés por otra cosa que no fuera Ana.

Curiosamente esas pastillas ayudaron a nuestras relaciones íntimas; exploramos un mundo desconocido hasta entonces para nosotros. Ana estaba complacida y mucho más yo, que podía ser objeto de su complacencia. Ella me pedía que hiciéramos cosas distintas todo el tiempo, a lo que yo no me oponía; se informaba de otras formas de hacer el amor, era toda una entusiasta investigadora del tema. Pero algo me pasaba. Gracias a las pastillas no podía llegar a tener orgasmos; eso no me importó, siempre que ella, estuviese complacida.

Un día desaparecieron sus ganas de explorar. Ana se satisfacía con que yo le diera placer oral, así se mantenía feliz y contenta diariamente. A mí eso me hacía muy feliz. Era increíble que por primera vez las cosas embonaban como piezas de rompecabezas; ya no había pleitos, ya no había reclamos, solo era ella y yo satisfechos, ella del trabajo de mi lengua yo de su satisfacción.

De tanto que era su contentamiento el sexo oral, que yo entusiasta asistía, ya vivía más en cuatro patas que en dos. No me molestaba, yo era feliz, verdaderamente feliz por primera vez en mi vida, y día con día mi objeto era uno solo: la satisfacción de mi ama. Ya fuera en los días normales o en  aquellos días, que sólo al principio me molestó por el olor que aguantaba con estoicismo, pero del que luego “encontré” su sabor. Lo que ya no me parecía es que empezaba a sentirme celoso de Henry.

Henry era un robusto pastor Alemán, con el que una vez ella entró a la casa, y que no paraba de acariciar y apapachar; con él tuve muchas peleas y casi me desangro una vez que atrapó mi cuello con su fuerte hocico. Había ya crecido tanto que entendí que era la diplomacia la mejor forma de terminar con nuestros conflictos. Así que nos volvimos amigos.

Poco a poco fui perdiendo la capacidad de hablar, lo que llamó la atención de los doctores quienes me tenían en observación, por lo que estuve mucho tiempo fuera de mi casa. Entré en un estado de depresión que me impidió comer, estuve a punto de morir por inanición, yo diría tristeza; lo único en lo que pensaba era en Ana. Quería verla, estar junto a ella, verla feliz. Entonces uno de los doctores, Carlos, decidió llevarme de nuevo a mi casa, al  lado de Ana.

Carlos es una persona muy buena, quiere mucho a Ana y la hace feliz, eso me hace muy feliz a mí también. Aunque la mayor parte del tiempo no la veo, la espero con ansia al lado de Henry, que se ha vuelto mi compañero inseparable. Al lado de él he aprendido que las palabras no son necesarias para manifestar afecto, tampoco para recibirlo, pero me agrada cuando Ana y Carlos se refieren a nosotros con palabras cariñosas. Creo firmemente que he encontrado el verdadero significado del amor incondicional, y ahora más que nunca amo tanto a Ana, como no creí amar a alguien en esta vida.

En un principio Dios creó al hombre, y vio que este, a diferencia de los animales, no tenía una pareja, así que Dios creó la pista de baile… Exégesis 1:1

En un principio existía Dios, quien al existir creó la existencia -pero claro, esto aún no se sabía-.

La existencia se vio a sí misma vacía y viscosa y vio que esa viscosidad (era creadora) podía jugar, (entonces) creó el universo; pero la existencia (aún) no estaba contenta; se dio cuenta de que no era feliz; era una existencia enorme y engreída y engendró un planeta jade (llamado tierra) donde habitaban diversas especies (en su multiplicidad) en un orden basado en la equilibriocracia donde la muerte era madre de la vida y la vida madre de la muerte. Entonces, la existencia -que además era engreída- en su infinita ansia se ciñó a la tierra y en su enorme (y viscoso) vacío tuvo un pensamiento: el hombre (de esta manera fue creado el hombre).

Y el hombre pensó su existencia, entonces fue cuando, lo que antes no se sabía -porque ningún sentido tenía el saber- ahora se sabía. (Fue cuando) El hombre creó el sentido –pero un sentido ausente de sentimiento, digamos un sentido del saber y para el saber-. Y encontró a todo sentido (su propio sentido, vale decir) y jerarquizó a los habitantes de la tierra según significaban algo importante para él -léase útil-, y dijo: he aquí los reinos que habitan la tierra y dentro de estos reinos y sus extensas clasificaciones, mayor que todos es “el hombre” porque es la imagen y sentido de la existencia.

En un principio era Dios, y él creó la existencia; y esta a su vez creó al hombre y al ver lo que había hecho… se entristeció en gran manera.

Deseó (entonces) remediar su error, deseó que las cosas mejoraran… (de este deseo se engendró la mujer).

No voy a negar que la ausencia de ti me embriaga. Que paso más tiempo con tu recuerdo que conmigo mismo.

Y que prefiero una plática a tu lado, sin tocarte, aun cuando esa plática esté dentro mío.

No lo pienso negar, que te extraño, que me alimenta más el recuerdo de tu aroma, que el alimento diario.

No pienso decir nada en mi defensa, estoy desarmado, no me importa más tener una postura que defender el derecho a recordarte.

No estoy pidiendo nada a nadie, no necesito cosa alguna, simplemente no quisiera dejar de tocar los recuerdos, que ahora constituyen tu presencia en mi vida.

La tarea de olvidarte, es un eufemismo que uso para referirme a varias cosas:

                                      Es la tarea de vivir, de querer vivir. “Seguir viviendo” no es más un acto autopoiético de un ser animal que “vive” segundo a segundo como resultado de un proceso bilógico interno; esta forma se convierte en el “vivir”, que significa sentir el peso de ese “segundo a segundo”: el seguir viviendo. El peso que tiene el vivir, es abrumante, se ha extraído del ser mismo una “parte” que ya era constitutiva del propio ser, es respirar con un solo pulmón, es mirar con un solo ojo, es soñar con la mitad del alma.

                                      Es la tarea de pensar en un mañana. Es la tarea de pensar en un mañana que se ha ido, pues en el mañana que había ayer, en ese mañana estabas. “El mañana”, mi mañana, tenía tu cara, ahora mi  mañana no tiene rostro.

                                      Es la tarea de dar una nueva interpretación a los actos más básicos y cotidianos que cualquier vida comparte, igualmente esta vida. Es dar un significado al comer. Es encontrar un significado para dormir, y otro para despertar.

                                      Es la tarea de no tratar de entender. Es la tarea de desactivar el racionamiento, el racionamiento es un espacio laberíntico, donde uno se puede perder.

Una lectura más.

a mi amiga Cecilia.

El porqué realizar una “lectura” de la película de la cual  ya se han de haber escrito miles de reseñas y análisis es porque creo que quedan cosas qué mencionar sobre esta película.

I

A grosso modo podemos decir que un mito da respuesta a preguntas primigenias: ¿de dónde venimos; cómo fuimos creados; quien fue creado primero, el hombre o la mujer? A este tipo de preguntas dan respuesta los mitos. Además, los mitos se distinguen por tener una “prelógica” lo que en síntesis significa que el mito no necesariamente se ajusta a una narración en orden cronológico, sujeta a la historia; o lógica sujeta al raciocinio. El que una obra cinematográfica pueda ser igualada a un mito o que pudiese tener la misma función será nuestra hipótesis inicial.

II

El mito no surte efecto si no es transmitido de generación en generación vía tradición oral, y de tal manera los mitos tienen esta trascendencia que a nuestros días sobreviven no solo los que fundan el pensamiento de occidente sino aquellos de culturas tan disímiles como la prehispánica por dar tan solo un ejemplo cercano. De la misma forma una película es trascendente socialmente hablando en la medida de que llegue a más público, lo que no tiene que ver con la calidad de ésta si no con cuestiones más de la mercadotecnia y distribución del material (si es que no son la misma cosa).

III

Muchas cosas se han dicho sobre esta película y en general es fácil “ver” más de lo que la película muestra, para lo que nos centraremos en aspectos ineludibles:

La película trata sobre La doctora Ryan Ston (Sandra Bullock) y el veterano comandante Matt Kowalsky (George Clooney) quienes tienen la misión de reparar el telescopio Hubble. Estas dos personas son dotadas de ciertos elementos, por un lado está el líder de la nave quien dirige la misión, es quien tiene que decidir en un momento incluso dejarla por el bien de la vida de sus tripulantes; por otro lado la doctora perfeccionista obsesionada con su trabajo al grado de arriesgar su vida, incluso la de los demás en un momento clave de la película cuando están a punto de cambiar el rumbo de sus vidas. Pero esta obsesión por el trabajo (a caso todas las obsesiones y en especial esta ocultan algo tras de sí) nos deja ver la falta de interés por el instinto más primitivo: el de la sobrevivencia. Oculta el vacío causado por la muerte del ser que dio sentido a su vida.

Al ser persuadida por Kowalsky de que haga un intento por salvar su vida y regresar al planeta tierra, éste en otras palabras la convence de que por terrible que haya sido la muerte de su hijo ella está aún viva y eso debe bastarle, lo que se traduce en que el ser mujer no se define por su característica biológica de procrear vida, en otras palabras la vida de su hijo no tiene que ser la razón de su existencia.

Enseguida la doctora Ryan hace uso de sus conocimientos, para lo que fue entrenada, y logra regresar al planeta tierra; ella es introducida en la atmósfera terrestre dentro de un objeto en llamas, literalmente resurge de sus cenizas.

El objeto de configuración circular cae en el mar donde se supone inició la vida en el planeta; un anfibio se ve claramente cuando la doctora emerge a la superficie, los anfibios son seres adaptados al agua y a la superficie de la tierra lo que supone un paso evolutivo. Lo que vemos a continuación es a un ser, a esta mujer, salir del agua y erguirse con dificultad sobre sus dos pies, de pronto tenemos toda una síntesis evolutiva en este acto: los primeros seres unicelulares que evolucionan a seres más complejos que luego, millones de años después, salen del agua para adaptarse a la superficie terrestre y varios millones de años después tienen la capacidad o la característica de erguirse en sus dos patas traseras, los homínidos.

IV

El escueto párrafo que se esbozó arriba a manera de introducción donde se habla del mito tiene ahora relevancia, ya que cómo mito moderno, mito de la posmodernidad dirían algunos, se rompe una vez más la idea tradicional sobre la creación de la especie humana: si para la concepción judeocristiana la mujer fue creada tomando una costilla del hombre para este fin, quedando así sujeta por cientos de años a la voluntad del hombre, en Gravity tenemos a una mujer que ha sido introducida a la tierra con ayuda de la ciencia; ya no está sujeta a su condición biológica de creadora de vida, ni está definido su rol por este hecho, es ahora la heroína de su propia historia y el conocimiento es parte de su configuración.

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¡Advertencia! Lo que estás a punto de leer no es otra cosa que una visión subjetiva, no es más que mi opinión, ni análisis de experto de ninguna clase sino simplemente mi punto de vista basado en mi gusto -o falta de- por el cine.

Anoche vi la trilogía de películas de Richard Linklater al hilo (Before Sunrise, Before Sunset y Before Midnight), primero porque escribo un guión en este momento sobre una pareja de divorciados, segundo porque soy un encabronado compulsivo de cualquier cosa, (cuando no pienso en el suicidio más monótono indago en el universo paralelo de lo posible y lo no tanto para saber si de esta o cualquier otra forma no la hubiese, hubiera o hube cagado menos; en fin). Afortunadamente en ninguna de las tres películas encontré alguna situación como la que planteo en mi guión, pero como parte del proceso creativo y de investigación hay que conocer lo que se ha hecho sobre el tema por aquella equivocación de creer que inventamos el hilo negro de las cosas (por cierto también vi una vez más Scener ur ett äktenskap de Ingmar Bergman pero de esto no les hablaré hoy).

Lo primero que llama mi atención es lo consistente de los personajes en las tres películas, durante las tres vemos la transformación de ambos personajes y su evolución con la evolución de su relación, lo que no quiere decir que me identifique o que cómo espectador me gusten. Primero que nada son personajes complejos, si por complejo se entiende contradictorio (como bien lo señala mi profesor de guión), contradictorios en sentido estricto aunque ambos parten de estereotipos: el chico más que común ignorante “americano” (Jesse ) y (Celine ) la joven francesa abierta a una experiencia de romance (y romántica también porque no) de quien desde el principio se espera que termine acostándose con dicho joven. Ignorancia atractiva americana, sensualidad liberal francesa.

Me asusta y al mismo tiempo no termino de comprender cómo Jesse ha sido capaz durante las tres películas de escribir dos novelas (si no me equivoco) y trabajar en una más (de eso estoy seguro). Supongo que el escribir un libro es más un atrevimiento que tener aptitudes literarias (y esto es posible que sea el “mensaje” más profundo de este personaje). Este personaje (y sé que con esto despertaré mañana con un número de enemig@s considerablemente mayor al del día de hoy) es enigmáticamente vacío, habla y nos pretende enseñar desde sus anécdotas de infancia, antiguas novias y de experiencias que puede “leer” como profundas enseñanzas de la vida y sacar de ellas un mensaje trascendente justamente como se extrae una perla de una ostra (quizás sea este el segundo mensaje trascendental de este personaje).

Celine por otro lado, es hermosa. Es una mujer comprometida social y ecológicamente con el planeta que habita. Es una romántica y como tal no solo cree en la capacidad humana de amar (aunque manifiesta en diversas ocasiones lo contrario) si no que siente la necesidad de unirse a un hombre por el único hecho, no razón, de sentirse amada supra-terrenalmente. Tarde, pero se da cuenta de que el hombre con el que ha decidido compartir su vida no es lo que ella diría “el hombre indicado” para ella, pero sobre los demás “atractivos” de Jesse hay uno que la mantiene enamorada de él: precisamente el misterio de no saber qué es eso que la mantiene unida a él.

Sintetizando al grado de profanar semejante “obra”, diría que la primera cinta trata sobre “el enamoramiento ideal”; la segunda sobre “la persistencia del enamoramiento ideal” y; la tercera sobre “la madurez de la realidad”. Todo esto teniendo como universo antropocéntrico la relación de una pareja de seres humanos, en otras palabras hay que identificarse aunque sea mínimamente con el fenómeno entorno a la pareja (el amor si se prefiere), el sentido de los diálogos y su importancia como soporte de una película o estaremos inmersos en una trilogía bastante abrumadora (por no decir aburrida).

Obviamente esta trilogía da mucho de qué hablar, debatir (bueno debatir no) y explorar. Si eres una de esas personas que te tienen sin cuidado las minucias del llamado romanticismo, léase cuando un hombre conoce (aborda) a una mujer, no las veas. Si eres una de esas personas que se esfuerza porque las minucias del llamado romanticismo le tengan sin cuidado, tienes que ver estas películas es imperativo, mientras más rápido mejor.

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Este es un video realizado como parte del diplomado de Cine digital que se imparte en el Centro de las Artes del estado de San Luis Potosí, de la materia de Técnicas audiovisuales I. El ejercicio es a cerca de un artista y lo que su obra te transmite. En este caso, un tanto pretencioso hay que decirlo, es más bien una visión sobre la persona detrás del personaje creado en el imaginario de todos: Borges como persona y Borges como el personaje. Espero no ofenda a nadie mi atrevimiento al “abordar” semejante figura, sirva el presente video para tomar en cuenta un aspecto muy humano y generalizado, no ya de esta figura sino de todas las que existen que como personajes son creados por el artista y legitimizados por sus seguidores.

Yo vivo en un espacio dentro de un espacio, donde a veces te veo, ya que vives en un espacio dentro de ese mismo espacio que todos cohabitamos…

En este espacio-lugar, que está dentro del espacio-lugar en el que todos cohabitamos, la educación es muy estricta: primero se instruye en el uso de la filosofía, esto con ninguna finalidad más que la de crear objetos; en segundo lugar se enseña redacción, para que puedas hablar de estos objetos y, en tercer lugar: se enseña a hablar; con esto se regresa al primer punto donde se enseña una vez más filosofía, esto con la finalidad de mostrar que no hay ninguna finalidad ni objetos ni nada que se pueda decir de ellos…

Quienes entienden esto son instruidos en una cuarta cosa: el silencio…