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Category Archives: Escritos

Nunca he dado el pésame a alguien. De todas las buenas costumbres esta me parece la más ridícula. Desde que hago uso de mi razón, no estoy presente en funerales, sobre todo de la gente que amé.

No tengo hijos, ni aún uno. Eso me obligaría a pedir favores a alguien, como pedir de favor un trabajo, y eso es algo repugnante. Prefiero morir solo. De todos modos moriré solo.

Permanezco lo más leal a mis principios, lo más que me es posible, eso para mí es permanecer leal a mis principios.

El sentido común se ha convertido en la iluminación del presente, casi nadie puede acceder a este.

El reconocimiento de mis logros por parte de los demás no es tener éxito, es sobrevivir en este mundo.

Callar no es opción, es el principio de la vida.

Aun no puedo saber si hay vida después de la muerte. Pero, puedo decir que en esta misma vida he muerto por lo menos tres veces.

Conocí a Ana en un momento de mi vida en el cuál no pude haber conocido a nadie más, lo nuestro fue en sí como no pudo ser otra cosa. Dos mundos distintos, uno colonizando al otro, eso podría resumir lo que fue nuestra relación. Y en medio de la conquista, la aventura de conocer un mundo del cuál no tenía ninguna noticia. Esa extrañeza hecha mujer fue lo que mantuvo cautiva mi atención, y fue lo único que necesité para decidir vivir con ella. Pero pasado un tiempo las cosas cambiaron.

El castigo de haberme acostumbrado a su presencia, a su emblemática sonrisa y a su sutil belleza, fue quedarme solo. Yo le reñía por algo que ella nunca tuvo: eso. Era “algo” que siempre estuve esperando en ella, algo que nunca tuvo, y que nunca vi. Tiempo después, la doctora me explicaría que eso que yo buscaba en ella era un simple pretexto para reñirle, así empezaron los problemas. Reñíamos constantemente. Yo pensaba que ella iba a estar siempre a mi lado y siempre iba a aguantarme tal y como era, pero estaba equivocado. Después de muchas rupturas resolvimos terminar, cosa que yo recibí con razón, pues sabía que eso, después de todo, era lo correcto.

Tras las primeras semana comencé a sumergirme en cierta melancolía… no me percataba de que me hundía más y más en un hoyo del cual no saldría fácilmente, o nunca saldría. Quise hallar el olvido, al estilo Jalisco, pero el alcohol hizo surgir una desolación desde dentro, una ausencia que yo no había sentido; traté de hablar inútilmente con ella para que regresara conmigo; yo la entendía, pero no podía aceptar que ella nunca regresaría a mi lado. El alcohol también me dejó ver un lado mío que yo no conocía: intenté tres veces el suicido;  la última vez me regresaron literalmente a la vida tras estar tres meses en coma debido a una sobre dosis de pastillas.

En ese tiempo Ana se vio conmovida por mis actos suicidas, pero gracias al asesoramiento de psicólogos, no regresó conmigo, porque según ellos eso era precisamente lo que quería lograr con esos actos. Qué saben ellos. Yo solo quería morirme.

Meses de rehabilitación me hicieron ver que una vida al lado de una persona como yo, no se le desea a nadie. Busqué afanosamente un remedio, algo que me permitiera vivir con ella sin hacerle daño, así encontré a un grupo de psiquiatras que experimentaban con un método aún en sus primeras etapas, pero que ofrecían una vida aceptable a personas como yo y de paso me aseguraban acabar con mi alcoholismo, enfermedad que según algunos especialistas es incurable.

Ana, a pesar o gracias a todo lo vivido, aceptó entrar en esta dinámica, con la promesa de que si yo llegaba hasta las últimas consecuencias habría la posibilidad de vivir juntos otra vez, indefinidamente.

Así, empezamos con el tratamiento.

Primero me hacían ver por horas diagramas, dibujos abstractos, líneas y figuras como círculos o cuadrados, estaban programando un nuevo comportamiento en mí. Nunca fui escéptico, tuve en mente todo el tiempo que eso me haría tener una vida sana, sin peleas, sin violencia, y sobre todo, una vida donde iba a estar al lado de Ana; qué demonios importaba si me extraían el cerebro y en su lugar me ponían uno diferente.

Las primeras semanas abundaba la tranquilidad. Pero pronto empecé a acostumbrarme a su presencia y me aburría su forma de ser que me parecía poco menos que vacua. Toda su conversación giraba en torno a sus amigos, sus parejas y sus vidas, cosas que yo tenía en poca estima. Así que para no mostrarle desagrado nuestra comunicación se volvió el silencio, otra forma de violencia. Otra vez estaba actuando de una manera inaceptable, y Ana estaba a punto de dejarme.

Cada que esto pasaba, cada que ella me amenazaba yo sentía mucho temor y me volvía un corderito y era amable y amoroso; la escuchaba y tenía detalles para con ella, pero eso ya no le bastaba. Los doctores me dijeron que esto era algo ya previsto; ellos observaban siempre esta misma conducta en las otras parejas bajo el mismo tratamiento; así que nos propusieron pasar al siguiente nivel, pero teníamos ambos que firmar un consentimiento en el que cedíamos el derecho a los doctores para  tomar decisiones sobre mi persona, basados en las observaciones de mi comportamiento; a lo que yo accedí gustoso con la esperanza de ahora si, por fin, ser del agrado de mi pareja, y de permanecer a su lado hasta el día en que muriera.

El siguiente paso fue medicarme, con lo que primero desaparecieron las ganas de beber que imperiosamente aparecían de vez en cuando, pero con ellas desapareció también todo mi interés por otra cosa que no fuera Ana.

Curiosamente esas pastillas ayudaron a nuestras relaciones íntimas; exploramos un mundo desconocido hasta entonces para nosotros. Ana estaba complacida y mucho más yo, que podía ser objeto de su complacencia. Ella me pedía que hiciéramos cosas distintas todo el tiempo, a lo que yo no me oponía; se informaba de otras formas de hacer el amor, era toda una entusiasta investigadora del tema. Pero algo me pasaba. Gracias a las pastillas no podía llegar a tener orgasmos; eso no me importó, siempre que ella, estuviese complacida.

Un día desaparecieron sus ganas de explorar. Ana se satisfacía con que yo le diera placer oral, así se mantenía feliz y contenta diariamente. A mí eso me hacía muy feliz. Era increíble que por primera vez las cosas embonaban como piezas de rompecabezas; ya no había pleitos, ya no había reclamos, solo era ella y yo satisfechos, ella del trabajo de mi lengua yo de su satisfacción.

De tanto que era su contentamiento el sexo oral, que yo entusiasta asistía, ya vivía más en cuatro patas que en dos. No me molestaba, yo era feliz, verdaderamente feliz por primera vez en mi vida, y día con día mi objeto era uno solo: la satisfacción de mi ama. Ya fuera en los días normales o en  aquellos días, que sólo al principio me molestó por el olor que aguantaba con estoicismo, pero del que luego “encontré” su sabor. Lo que ya no me parecía es que empezaba a sentirme celoso de Henry.

Henry era un robusto pastor Alemán, con el que una vez ella entró a la casa, y que no paraba de acariciar y apapachar; con él tuve muchas peleas y casi me desangro una vez que atrapó mi cuello con su fuerte hocico. Había ya crecido tanto que entendí que era la diplomacia la mejor forma de terminar con nuestros conflictos. Así que nos volvimos amigos.

Poco a poco fui perdiendo la capacidad de hablar, lo que llamó la atención de los doctores quienes me tenían en observación, por lo que estuve mucho tiempo fuera de mi casa. Entré en un estado de depresión que me impidió comer, estuve a punto de morir por inanición, yo diría tristeza; lo único en lo que pensaba era en Ana. Quería verla, estar junto a ella, verla feliz. Entonces uno de los doctores, Carlos, decidió llevarme de nuevo a mi casa, al  lado de Ana.

Carlos es una persona muy buena, quiere mucho a Ana y la hace feliz, eso me hace muy feliz a mí también. Aunque la mayor parte del tiempo no la veo, la espero con ansia al lado de Henry, que se ha vuelto mi compañero inseparable. Al lado de él he aprendido que las palabras no son necesarias para manifestar afecto, tampoco para recibirlo, pero me agrada cuando Ana y Carlos se refieren a nosotros con palabras cariñosas. Creo firmemente que he encontrado el verdadero significado del amor incondicional, y ahora más que nunca amo tanto a Ana, como no creí amar a alguien en esta vida.

La tarea de olvidarte, es un eufemismo que uso para referirme a varias cosas:

                                      Es la tarea de vivir, de querer vivir. “Seguir viviendo” no es más un acto autopoiético de un ser animal que “vive” segundo a segundo como resultado de un proceso bilógico interno; esta forma se convierte en el “vivir”, que significa sentir el peso de ese “segundo a segundo”: el seguir viviendo. El peso que tiene el vivir, es abrumante, se ha extraído del ser mismo una “parte” que ya era constitutiva del propio ser, es respirar con un solo pulmón, es mirar con un solo ojo, es soñar con la mitad del alma.

                                      Es la tarea de pensar en un mañana. Es la tarea de pensar en un mañana que se ha ido, pues en el mañana que había ayer, en ese mañana estabas. “El mañana”, mi mañana, tenía tu cara, ahora mi  mañana no tiene rostro.

                                      Es la tarea de dar una nueva interpretación a los actos más básicos y cotidianos que cualquier vida comparte, igualmente esta vida. Es dar un significado al comer. Es encontrar un significado para dormir, y otro para despertar.

                                      Es la tarea de no tratar de entender. Es la tarea de desactivar el racionamiento, el racionamiento es un espacio laberíntico, donde uno se puede perder.

Yo vivo en un espacio dentro de un espacio, donde a veces te veo, ya que vives en un espacio dentro de ese mismo espacio que todos cohabitamos…

En este espacio-lugar, que está dentro del espacio-lugar en el que todos cohabitamos, la educación es muy estricta: primero se instruye en el uso de la filosofía, esto con ninguna finalidad más que la de crear objetos; en segundo lugar se enseña redacción, para que puedas hablar de estos objetos y, en tercer lugar: se enseña a hablar; con esto se regresa al primer punto donde se enseña una vez más filosofía, esto con la finalidad de mostrar que no hay ninguna finalidad ni objetos ni nada que se pueda decir de ellos…

Quienes entienden esto son instruidos en una cuarta cosa: el silencio…

No escribas cuando no haya nada que decir

quien lea  lo reprochará

No escribas cuando estés triste

o  no querrás más ser feliz

Escribe en compañía tuya

se nota siempre tu ausencia

Cuando te des cuenta de que como individuo no existes

escribe, escribe con la libertad de saber que nada va a cambiar

Cuando encuentres una esperanza, escribe

la ficción es bienvenida

Cuando no tengas  a nadie a tu lado y las risas mengüen, escribe

cuando descuidado te asalte la vida, no tendrá sentido hacerlo

 

Chocolate metafísico consuelo que deriva en cascada dialéctica callada

fin de un principio en el fin mismo del principio…

 

cigarro racionalista consuelo alternado de cenizas y espacios callados

sustento inocuo brisa que palpita inexpresiones…

 

sed optimista profunda nadería silueta anacrónica desprecio honrado

existencia abrumadora divina…

 

viento ajeno anorexia sarcástica empecinada viva

alegría que grita sacude irrita lo que no mira…

 

necesidad acrítica cansancio belleza impertinente

mengua lo coherente…

 

continuidad imperturbable…

Dedicado a Daniela y a Marvin, que me hicieron el día con sus comentarios

Así es señoras y señores, lo anunciado por los profetas mayores se materializa frente a nuestros ojos a diario, la vida tal como la conocíamos apenas unos años atrás, ha dejado de existir.

Siempre he tenido mis reservas hacia los comentarios que ponen al internet como el summum en los procesos y de los medios de la comunicación de una civilización que ha alcanzado su cúspide.

Con la “primavera árabe” estaba a punto de dar mi brazo a  torcer y ceder mérito a dichos argumentos, pero pronto vería con amarga claridad que aquello fue sólo un error, un desvío de la realidad. Para que otra Primavera Árabe se repita en otro contexto se tendría que poblar otro planeta, sembrar un par de monos y esperar que la evolución hiciera lo propio, luego esperar la contingencia. Pero aún así sería muy improbable que todos los factores antes reunidos se conjugasen, ¿qué como demonios lo puedo saber? Simple probabilidad, yo le apostaría un millón a uno a favor de la estupidez. Aún hoy (aún más que antes), la estupidez es la característica principal de la humanidad, la define plenamente.

Echemos a un lado la filosofía clásica y sus disertaciones sobre la verdad y lo bueno cómo elementos intrínsecos de la humanidad. Hoy en día es la estupidez lo que la caracteriza, no en abstracto, ojo esta es la diferencia con la filosofía clásica, no hablamos de conceptos, ni de ideas, hablamos de lo concreto que inunda los días del presente.

I

LA MASA MEJOR QUE EL INDIVIDUO

Ya antes Marx había advertido el peligro que la masa significa. Una cosa, amorfa, manipulable y manipulada, cuyo estado natural es la enajenación.

Anteriormente la masa podía ser observada en su forma original, primigenia, en aglutinaciones casi todos de naturaleza política o conciertos de metal, fue la herramienta de los nacionalismos europeos, no necesariamente del fascismo ni tampoco propio de aquel continente.

Tras varios años, un par de guerras y uno que otro proceso sociológico, el sistema político cedió su lugar al económico así como su modus operandi: la manipulación de la masa por la propaganda de imágenes e ideas. A la par que perdía sentido sostener una división propia de un maniqueísmo pasado de moda, el mercado y su dinámica despegaba las economías principalmente de los nuevos protagonistas del orden mundial, también de los principales “enemigos”. La idea de que todos somos más importantes que uno solo de nosotros ha permanecido incluso en los sociólogos más destacados, baste recordar la definición de Theodor Adorno, y más recientemente de Luhmann, sobre la sociedad, o del sistema social en el caso de Luhmann. No brindan ni una esperanza para la subsistencia del individuo frente al conjunto de los individuos, la cuestión es que la sociedad per se no existe, sino como una abstracción, no tiene ni participación ni se le ve en conjunto mas que en eventos masivos, y en todo caso no sería sociedad, seguiría siendo una masa.

Se me puede achacar que me estoy olvidando de la sociedad civil organizada, desgraciadamente como lo recuerda el Dr. Lorenzo Meyer (chequen del minuto 40:08 hasta 41:20), conocido analista de la vida política de México–entre otras muchas cosas-, la sociedad civil organizada tiene muy poco de sociedad civil, se trata de especialistas, de representantes de la sociedad.

II

POSTEO, LUEGO EXISTO

Pero no todo ha sido tan malo, no. Las sociedades modernas, las que se precien de llamarse de tal manera, traen consigo desde la antigüedad una idea que fundamenta la civilidad de sociedades que han renunciado a la guerra o a la aplicación de la violencia (aunque no del todo) como principal medio de “establecer acuerdos”, estoy hablando de la democracia.

Para que una democracia funcione, partimos del supuesto de que todo lo concerniente al poder político, esto es la forma en que unos cuantos toman el control de unos muchos, tiene que ser una Res (cosa o asunto) pública: así tenemos la República Democrática, y yo agregaría, moderna ;)

La República Democrática es la idea, de que el pueblo manda. Pero no nos salgamos por la tangente. La democracia no es solo un asunto que atañe a la política, la idea de democracia tiene consigo la idea, por no decir la ilusión, de que cada individuo tiene participación, en la política, en la economía, en el arte y se extiende a todo aquel resquicio o recoveco donde un individuo pueda sentirse libre de tener participación.

Para cada ámbito especializado (política, religión, economía, etc.) o sistema, existe una manera de ejercer el derecho de la democracia, pero me atrevo a decir que las redes sociales los conjugan a todos (-huy! qué atrevido me vi-).

Las redes sociales son, por antonomasia, los medios democráticos.

III

EL DETERIORO HUMANO, EL FIN DE LOS EXPERTOS

A lo largo del proceso evolutivo-involutivo de la humanidad, hay personas que sobresalen del promedio por su dedicación en determinado oficio, costumbre o aspecto cultural de determinada sociedad. La consolidación de grupos de expertos había sido la manera de asegurar no solo la continuidad de una cultura, sino su manera de perfeccionarse.

El elitismo que se observa en todos los ámbitos especializados, o sistemas, explica también el resguardo celoso de un método, de ideas, formas, conocimiento en general que se transmite de un individuo que se cultiva en determinado ámbito, a otro individuo que por medio del ejercicio del oficio, se vuelve un experto.

El sistema de expertos había estado constituido como institución en la sociedad moderna, hasta la creación de Facebook y su apertura al público en general, claro, al público con acceso a una pc; gracias al esfuerzo de nuestras autoridades, en cualquier recóndita comunidad se puede tener acceso al internet, y por ende al feisbuk.

Ya no es necesario estudiar ciencias políticas, ni si quiera leer, si “manejas” medianamente el powerpoint, puedes opinar a cerca de cualquier tema, eres un experto en automático, voilà, la democracia en su plena expresión, no tienes que formar parte de una élite, ni de los privilegiados que asisten a la universidad, está de más decir que no se necesita ser portador de un título, si tienes powerpoint en tu compu un día puedes ser tan brillante como Foucault, y al siguiente tan sabio y casto como el mismísimo Dalai Lama.

IV

EN EL PAÍS DE LOS CIEGOS EL BORREGO ES UN PRINCESO

Ante semejante panorama, uno pensaría que estamos entrando hasta en una nueva era (eso chingao!). Wrong answer –d’oh!-.

Con las personas inteligentes alejadas lo más posible de las redes sociales, por lo menos del feis, ¿qué nos queda?, una sarta de bienintencionadas personas convirtiendo en trending topic las cosas más estúpidas que el ser humano sea capaz de vomitar.

Así, uno no sabe al día siguiente, al abrir su feis, con qué novedad se va uno a topar: ola ke ase!, lo que callamos los princesos, o de pronto, así repentinamente, todos cambian su foto del perfil por una foto de la infancia. Quiero recalcar que cada cual es “libre” de hacer de su vida un cucurucho. Pero algo huele mal. No se si a alguien le ha pasado por la cabeza: ¿de dónde salen estas frases, estos temas?, ¿de verdad son producto de la contingencia?, ¿existe la contingencia en las redes sociales?, ¿es casual que ahora yo esté posteando una crítica a determinada personalidad?

V

¿ES PECADO SER AMARGADO?, ¿ESTÁ MUY MAL NO SER CÓMO LOS DEMÁS?

Sin duda este es un falso debate, todos sabemos de antemano la respuesta. Pero ahora ya no nos podemos dar el lujo de cerrar el feis, o de no verlo, no será por la brillantez de espectáculo que éste ofrece, sino porque al parecer, ya todos viven más ahí dentro, más que acá afuera.

Espero en el fondo estar equivocado, espero no estar presenciando el fin de la humanidad tal y como se conoce…

Pero sobre todo espero que me den un like ;)

Habiendo tanta vida en las redes sociales, nada raro es que surja de pronto la pregunta: ¿habrá gente aún, que viva allá afuera? que camine en las calles iluminadas por la luna, que habite callejones sórdidos, donde apenas unos años atrás seres llamados personas abrían sus ojos desgarrándolos para dejar entran extrañas luces y pensamientos de colores acompañados de voces múltiples con ayuda de sustancias ajenas a su constitución -como no lo es el agua- debe de haber alguien que aún habite afuera, porqué aquí está habitado por poetas, por artistas visuales-abstractos-intelectuales/crítico-analíticos del movimiento cuántico, atletas que alcanzan logros cada primer o tercer día de la semana— eso es, la gente normal debió de haber quedado fuera de las redes sociales— eso puede pensarse, pero la gente normal también habita este espacio virtual, más vivo que la vida, más terrible que el amor, más ardiente que las telenovelas. Pero aún así, me niego a creer que algún tipo extraño de ser, ser humano hay que agregar, perdido en el transcurso de la evolución tecnológico-cultural, al margen de todo y de tod@s, no esté allá afuera. Alguien debe habitar la noche, las calles, las casas, los cuerpos… pero ese alguien no soy yo, por que ahora mismo habito este espacio.

Consumase, preferentemente antes que el hálito desaparezca de tus palabras
antes de que el brillo abandone la morada que ha construido en tu mirada.
Consumase, preferentemente antes de que la fuerza libertadora de los labios haya chocado

contra la pared fría y rasposa del desencanto…

Consumase antes, preferentemente antes de que se haya acabado todo lo que se haya de consumir
porqué después el cuerpo deambula sin nada que pueda ofrecer.
Porqué después solo se es desecho de la vertiginosa velocidad con la que éxito
se lleva la juventud de la tierra, tan solo para consumirla.
Consumase preferentemente antes de ser un sub-producto, una lastimosa masa
en vías de podrirse de no haber servido para servir, de no haber sido, de no haber visto
de no  haber viajado, de no haber triunfado…
consumase, preferentemente antes de que ya no se tenga nada que puedan consumir de ti…

(Conversaciones con Medusa)

Quizá debiera empezar por decir quién o qué es medusa; quién es, eso de cierto no lo sé […] si quisiera definirla diría que es idefiniblemente fugaz; para ser más preciso, yo diría que es anacrónica e intermitente/ a veces creo que es una invención mía, una proyección amigable de mi inconsciente, un alter-ego de algún alter-ego errático del que no tengo control/ otras veces pienso si no soy yo una invención suya o si soy yo una invención suya – y luego pienso en las consecuencias de pensar en negativo, y así sucesivamente-.
Lo cierto es que converso con ella… y en una de tantas disertaciones…
Verba volant Scripta manent: las palabras vuelan, lo escrito permanece.
Por un lado es un discurso en favor del valor de la palabra escrita en contraste con la palabra hablada; el compromiso implícito en lo que queda por escrito y la fugaz que puede ser en la memoria algo que alguna vez fue dicho.
Puede aplicarse a los contratos escritos, por ejemplo, cuando alguien deja algún bien antes de morir, si solo lo dio de palabra puede resultar en un conflicto prolongado y hostil de intereses por parte de quienes legalmente pueden reclamar estos bienes.
Fortalece también la idea de que lo escrito es superior a lo hablado. En occidente corresponde a un estatus más elevado la literatura en comparación a la tradición oral. La raíz se remonta al momento en que occidente descubría “las otras culturas”, una manera de continuar diferenciándose del resto era construyendo un discurso que lo pusiera a éste en el pico de la pirámide, la cúspide del progreso y el desarrollo de la civilización entendida esta como un proceso progresivo -que no es lo mismo que progresista-. Solo una civilización superior es capaz de producir un alfabeto, y por ende, obras literarias, mientras que el resto, los que viven en el retraso en algún punto perdido de la evolución social -o aún aquellos que ya no están, de los que solo se tienen antiguos sistemas de jeroglíficos, métodos arcaicos previos a la creación de un alfabeto- estos iletrados mantienen la transmisión de su cultura por medio de mitos, leyendas o cantos, auspiciados por la tradición oral -la tradición oral ha pasado por un largo recorrido para su reivindicación y hasta puesta de moda [gracias antropólogos :’) ]-.
Ese es el sentido de la frase…
Pero, verba volant por si sólo adquiere un sentido metafórico. Las palabras vuelan, tienen libertad; una vez que alguien las pronuncia ya no le pertenecen, y están ahí para ser citadas, revividas constantemente por alguien.
Las palabras no pertenecen a quien las pronuncia, ni a dios, que con ellas creo todo cuanto existe.

Las palabras vuelan, por que hasta ahora nadie ha logrado con éxito domesticarlas…

Las palabras vuelan por que ellas mismas tienen el poder hacerlo.